Tijuana, la esquina del mundo, la primera puerta del imperio hacia Latinoamérica, la gran influyente, la Tijuana caliente, la Tijuana callejera, la Tijuana Nortec, la Tijuana metalera, punk, bluesera, rockera. La Tijuana de la Caminata Cerebral.
Dada la ubicación de la ciudad de Tijuana, se convierte en una ciudad promiscua social y culturalmente, pues su condición fronteriza es sumamente influyente en muchos movimientos. El grupo Tijuana No la describía como la penúltima calle de Latinoamérica.
Sería difícil explicar el desarrollo del rock mexicano sin la aportación hecha por los músicos de Tijuana. Una de las grandes influencias es el maestro Javier Bátiz, incomparable guitarrista que trajo el blues a México. Así de fácil.
Javier llegó al DF para tocar algo que muy pocos descifraban, pues recordemos que hace 50 años la información no circulaba tan vertiginosamente como ahora. La música que se hacía en Europa y Estados Unidos siempre llegaba con retraso. Así que no es disparatado decir que fue Javier Bátiz quien trajo la música de los negros a México.
De hecho, la primera formación con el rock que tuvo Carlos Santana (oriundo de Autlán de Navarro, Jalisco) fue en Tijuana, en la banda de Javier Bátiz. De aquí Carlos saltó a Estados Unidos y fue allí en el histórico Festival de Monterrey que el mundo supo de Santana, un músico que ya llevaba en las venas la vibra tijuanense.
El Peace and Love también es de esta ciudad, llegó al DF para transformar la música, de hecho su presencia en el Festival de Avándaro (11 de septiembre de 1971) fue seminal.
Esa cercanía con lo que algunos llaman el primer mundo ha sido muy notoria, en plena euforia del hard rock y heavy metal estaba brillando ya una banda tijuanense, La Cruz. En el punk hay dos bastiones: Solución Mortal y Espécimen. Así nos podríamos ir por géneros y siempre habrá grandes exponentes que no sólo ocupan un lugar importante en la historia del rock, sino que son también líderes en movimientos y escenas musicales.
Si cabe la palabra patriarca, ese sin duda sería el maestro Ricardo Ochoa, que no sólo ha sido un gran influyente en la música con bandas como Peace and Love y Kenny y Los Eléctricos, también fue uno de los cerebros de la invención de Comrock (de Chela Branif y Juan Navarro), de donde salieron Los Clips (hoy Rostros Ocultos), Mask (José Fors), Ritmo Peligroso, Kenny y El Tri, entre otros. Algo así como los papás del Rock en tu Idioma.
Otro personaje fundamental es Luis Güereña (q.e.p.d.), de Tijuana No (originalmente el grupo se llamaba No), que hilvanó el sonido latino con el punk, además de que llevó a la música un sentido social. Por cierto, en la próxima emisión del Vive Latino se le rendirá un homenaje musical a tan aguerrida banda.
De Tijuana No salieron dos brillantes chicas, Julieta Vengas y Cecilia Bastida, de la primera su carrera es de sobra conocida, en tanto Ceci ha acompañado en giras a Julieta y recién inició su camino en solitario.
Decía que cualquier música explota en Tijuana, prueba de ello es el sonido que allí se acuñó y se nombró Nortec, un lienzo que se ha pintado con música norteña y con beats electrónicos. De este colectivo, por el momento distanciado, se unieron diferentes grupos: Bostich, Clorofila, Hiperboreal y Fussible enaltecieron lo hecho en Tijuana; incluso llegaron a tocar en el Palacio de Bellas Artes, que ha sido uno de los grandes logros de la música popular contemporánea mexicana.
Mexican Jumping Frijoles y Almalafa también cimentaron en gran medida lo que después se etiquetó como indie. Nona Delichas ha sido uno de los últimos buenos grupos fronterizos. Y así nos podríamos seguir con el ska, el nu metal, el brit pop, reggae…
Como decía al principio, el rock en México le debe mucho a Tijuana. Baste mencionar que es tijuanense el ya desaparecido maestro Pájaro Alberto (Sacrosaurio, Love Army), aquel mismo de ese significativo tema titulado Caminata Cerebral: Porque la justicia toma tiempo / yo no pienso esperar, / prefiero en mi cerebro caminar / tendré que caminar.
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