Este domingo falleció Chavela Vargas, víctima de un paro respiratorio, después de varios días que permaneció internada en un hospital de Cuernavaca, Morelos.
“Quiero morirme un martes, para no fregarle el fin de semana a nadie. Nada pasa en martes, son muy aburridos”. Le comentó Chavela a la periodista Blanche Petrich, líneas que publicó hace unos días en el diario La Jornada.
Comentario que también se externó en el twitter oficial que se le maneja a Chavela. ¿Pero cómo se nos iba a morir en martes? Ella se tenía que despedir en la trasnochada parranda, en al amanecer de un domingo con la resaca mañanera, para que no se nos llenaran los ojos de lágrimas, sino que se nos llenaran las copas de licor.
¡Salud!
Chavela tuvo tiempo de despedirse, hace unas semanas fue a España, tal parecía que a decirle adiós a sus otros grandes amores, a quienes presentó La Luna Grande, un homenaje al escritor español Federico García Lorca.
Allá tuvo una fuerte recaída pero la Vargas parece que repitió los versos de Chucho Monge: “Que digan que estoy dormido y que me traigan aquí”, y fue precisamente en su México lindo y querido que falleció Chavela.
Se reafirmó el mito y nació la chamana, ese ser que no muere, trasciende.
Sus últimas palabras fueron: “Me voy con México en el corazón", en el corazón de México te quedas, bien podemos completar la copla.
Podría escribir ahora algunos recuerdos de las pláticas-entrevistas que pude hacerle, revivir anécdotas, ensanchar temas que irremediablemente siempre viraban sobre la muerte, su muerte. La esperaba desde hace años, pero la venció más de una vez. Sí le pelaba los dientes, incluso la encarnó en la película Frida, la que produjo Salma Hayek.
VIDEOCLIP LA LLORONA

